Hoy me he levantado reflexiva, pensando mucho en Annie. Ser madre es algo maravilloso, la maternidad ha cambiado mi vida por completo y ha dado un vuelco a mi corazón. Tanto que cada cosa que voy a hacer o cualquier cambio que pueda ocurrir en nuestra vida, mi primer pensamiento es ella, su bienestar.

Toda madre siempre intenta hacer lo mejor. A veces nos creemos Superwoman, pensando que podemos hacer todo, pero no es real. Podemos hacer todo y mucho más, sacamos fuerzas de donde no las hay, pero eso luego nos pasa factura. Llega un cansancio extremo en nuestra vida que vamos arrastrando y necesitamos pasar algún domingo que otro durmiendo todas las horas que sean posibles o más. Aun así siempre miramos por ellos, por su felicidad.

Todas las madres del mundo querrán que sus hijos sean felices siempre y es uno de los mejores deseos que podemos tener hacia ellos, pero también depende mucho de nosotros. Yo quiero que ella sea feliz, pero yo también la quiero hacer feliz.

Ellos son felices junto a nosotros, junto a sus padres. Cualquier cosa que se haga junto a ellos marcará la diferencia y ella presenciará ese amor que le tenemos hacia ellos en momentos así. Un paseo, ir al parque, pintar juntos, leerle cuentos, jugar a los animales, montar puzzles, ver películas abrazados y cantar todas las canciones, todo eso y mucho más es lo que ellos necesitan, es su felicidad. Y su felicidad es la mía.

Verla reír a carcajadas, que me pida que le lea mil cuentos o que me siente a su lado a jugar, no hay mayor recompensa.

Se habla mucho de el tiempo de calidad y de la cantidad de tiempo. Hay como un debate siempre entre las madres que defienden que hay que estar todo el tiempo posible con ellos, todas las horas del día que se puedan y otras que defienden el tiempo de calidad. Yo veo aquí como dos bandos. El bando de las madres que están trabajando en casa sin parar y defienden la cantidad de tiempo, y las madres que trabajan fuera de casa y que cuando llegan a casa pasan esas horas mágicas con sus hijos, ese tiempo de calidad. Yo he estado en los dos bandos y puedo decir que como madres, y como mujeres, también necesitamos respirar. Salir de casa, tener ese ratito para nosotras, volver a sentirnos vivas. Poder estar en casa cuando tienes hijos pequeños es una ventaja infinita, de la cual yo he disfrutado mucho. Pero ¿sabéis qué? tanto tiempo en casa hace que te enfoques las horas de otra forma, y sí, estas con tus hijos, todas las horas del día, pero hay menos tiempo de calidad. Tal cual lo siento, lo digo, por lo menos así lo he vivido yo.

Cuando te reincorporas al trabajo, te sientes más relajada al llegar a casa. Has salido, tu mente ha estado enfocada en otras cosas fuera del área maternal, y aunque estas agotada físicamente, tu mente está despejada y es ahí cuando te vuelcas al 100% con tus hijos, solo pensando en ellos, en ese rato juntos, ese baño, ese momento de contar cuentos o dejar que se duerman a tu lado, esos momentos son oro para mí, no se pueden comprar.

Así que desde aquí os mando un besazo fuerte a todos los que me leéis y os dejo mi post reflexivo.

Porque su felicidad, es nuestra felicidad, y sus juegos son nuestro tiempo de calidad. Yo quiero que mi hija recuerde siempre nuestros juegos, nuestras risas y las cosquillas, ¡que nunca falten las cosquillas!

 

2 thoughts on “Felicidad, juegos y tiempo de calidad…

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